Repensando la ciudadanía en un mundo de vigilancia permanente.

El pasado martes 17 de septiembre, el mismo día en que el libro Permanent Record/Vigilancia Permanente (2019) de Edward Snowden era publicado simultáneamente por 23 editoriales al rededor del mundo, el departamento de Justicia de Estados Unidos interpuso una demanda contra su autor y su casa editorial Macmillan and Holtzbrinck. La demanda busca restringir las ganancias económicas que el libro pueda generar y argumenta que Snowden violó los acuerdos de confidencialidad que firmó con la CIA y la Agencia de Seguridad Nacional (NSA), al publicar el manuscrito sin previa revisión y aprobación.

No es la primera vez que Snowden transgrede acuerdos de confidencialidad con organismos de inteligencia del estado más poderoso del mundo. En 2013, a sus 30 años, Snowden filtró a periodistas y medios de comunicación miles de documentos clasificados como top secret por el gobierno de Estados Unidos, revelando el mayor programa de vigilancia masiva global de la historia. En junio de 2013 en Hong Kong y luego de revelar su identidad, Snowden comentó en una entrevista a The Guardian que «no puede permitir al gobierno de Estados Unidos destruir la privacidad, la libertad en internet y las libertades básicas de la gente de todo el mundo con la gigantesca máquina de vigilancia que están construyendo en secreto».

Cinco años después de sus revelaciones, en su nuevo libro Permanent Record Snowden reflexiona sobre algunos de los desafíos que tenemos los ciudadanos de todo el mundo en un contexto de vigilancia masiva y permanente. En tono autobiográfico y en medio de anécdotas personales hace un llamado a luchar por la libertad y la privacidad en un mundo en el que prácticamente todas las relaciones y actividades sociales, culturales, y económicas de las personas son constantemente monitoreadas, grabadas, clasificadas, y analizadas. De acuerdo con Snowden, lo que “durante la revolución estadoundidense se denominó <<libertad,>> en la revolución de internet se llama <<privacidad>>” (Snowden 2019)

Una de las más importantes consecuencias de las revelaciones de 2013 ha sido precisamente promover la discusión y toma de conciencia por parte de la sociedad civil y de los medios de comunicación sobre el impacto de la vigilancia masiva sobre los derechos humanos. Después de las revelaciones de Snowden, es claro que el ecosistema digital de Internet a escala planetaria es también un sistema de vigilancia masiva el cual es utilizado por gobiernos y corporaciones tecnológicas para seguir, monitorear, grabar, guardar y analizar los datos de millones de ciudadanos. Aunque varios años atrás académicos y activistas de derechos digitales venían advirtiendo sobre los riesgos de la constante datificación de la vida cotidiana y las implicaciones éticas de los modelos de negocio basados en explotación de datos personales, fue hasta las revelaciones de 2013 cuando el tema y la discusión ganaron mayor relevancia mediática.

Hoy en día, en 2019, es claro que vivimos en un ecosistema digital en el cual la vigilancia masiva está normalizada a través de la ubiquidad de computadores y sensores interconectados, el imperativo de la datificiación, y los modelos de negocio basados en la explotación de datos personales. La normalización de la vigilancia masiva está sustentada en relaciones de poder desiguales, en las que el poder está concentrado en las empresas tecnológicas y gobiernos que cuentan la capacidad para capturar, clasificar, procesar, y analizar grandes cantidades de datos personales (macrodatos/big data) de ciudadanos al rededor del mundo. El análisis y procesamiento de estos datos es utilizado para la toma de decisiones económicas, culturales, sociales, y políticas. Por ejemplo, hoy en día la mayoría de estrategias de marketing y publicidad son elaboradas utilizando perfiles psicométricos de poblaciones enteras, los cuales son generados a través del análisis de millones de datos personales capturados por las corporaciones tecnológicas. En el centro del modelo de negocio de la mayoría de plataformas y redes sociales que utilizamos en nuestra vida cotidiana, por ejemplo, está la publicidad y el marketing personalizado, basado en el análisis de millones de datos personales e íntimos con los cuales es posible predecir deseos, afectos y patrones de consumo. Dicho proceso de predicción tiene implicaciones directas sobre el control social y la manipulación de poblaciones que interactúan, y viven inmersas en el ecosistema de redes sociales, aplicaciones móviles y motores de búsqueda en línea.

¿Cuáles son las implicaciones de vivir en vigilancia masiva permanente? ¿Cómo cambia el ejercicio de la ciudadanía? ¿Cómo cambian nuestros derechos como ciudadanos y ciudadanas?

La discusión y activismo por los derechos humanos de los ciudadanos y ciudadanas es de vital importancia en el actual contexto de acelerado cambio tecnológico y datificación de todas las dimensiones de la vida en sociedad. El esfuerzo por recontextualizar y reclamar los derechos humanos en un entorno digital es parte de un proceso histórico de construcción de ciudadanía, el cual podría remontarse hasta los tiempos de la antigua Grecia y Roma, y que pasa por las revoluciones Estadounidense y Francesa del siglo XVIII, y las revoluciones de independencia y conformación de Estados-Nación en los siglos XIX y XX. La lucha por los derechos de la ciudadanía adquiere un nuevo giro en la era digital. En un contexto de vigilancia permanente, de captura, grabación, clasificación y análisis de datos personales, tenemos que repensar y reimaginar nuestros derechos y responsabilidades. Aunque el derecho a la privacidad es quizás el que ha ganado mayor notoriedad debido a la magnitud, modelo de negocio, y escala planetaria de las operaciones de las empresas de tecnología, hay numerosos derechos que deben también ser reimaginados y reclamados en el contexto actual. El derecho a la libertad de expresión y asociación, por ejemplo, se ve limitado por las acciones de censura y curaduría que ejercen las empresas de tecnología y los gobiernos.

Varias iniciativas como Article 19, Digital Freedom Fund, y la Digital Rights and Principles Coalition del Internet Governance Forum, por ejemplo, vienen realizando esfuerzos para elaborar manifiestos y declaraciones por los derechos digitales. La mayoría de dichos derechos se encuentran asociados con diferentes principios previamente establecidos en la declaración universal de derechos humanos de 1948. Article 19 ha liderado la co-creación de la declaración universal de los derechos digitales, identificando una lista de derechos y responsabilidades consignados en 21 artículos. Algunos de estos derechos incluyen el derecho a participar, a saber, a controlar los datos personales y a hackear.

Repensar, reimaginar y reclamar derechos humanos en un entorno digital es pues una tarea crucial para la ciudadanía del siglo XXI. En el presente contexto, necesitamos imaginar una ciudadanía activa, alfabetizada y consciente, dispuesta a luchar por la libertad, justicia, e igualdad en la era digital. El llamado a la acción que realiza Snowden en su nuevo libro, cobra entonces mayor relevancia cuando pensamos críticamente el presente y futuro de la ciudadanía: “si no actuamos ahora para reclamar nuestros datos, nuestros hijos quizá no tengan la capacidad de hacerlo.” (Snowden 2019) La ciudadanía del siglo XXI, la ciudadanía digital como es comúnmente llamada, requiere ciudadanos y ciudadanas activas, dispuestas a no solo recibir derechos, sino también a ejercerlos y reclamarlos por medio del hacer, el saber, y el actuar. Es por medio de la acción, como lo ha demostrado el proceso histórico de construcción de ciudadanía en siglos pasados, como podemos confrontar los desafíos y oportunidades del ecosistema digital.

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